La época modernista también nos regaló figuras que propiciaron congregar a la ciudad de los ríos, como el picturesco y erudito centro artístico del caribe por el que siempre se le conoció, donde los más destacados de las ramas literarias de todo el país, se sentirían obligados a emprender una peregrina travesía para apreciar y compartir lo más cerca posible el suelo natal de sus hijos que la convirtieron y ratificaron en varias ocasiones como la Atenas de escritores y poetas.
Predominantes figuras nos salpican la mente con el modernismo. A través de todo el mundo este fue un metamórfico apogeo de individualismo artístico y literaria sublevación moral contra todas las corrientes que querían imponer un orden y patrón de pensamientos.
El ya reconocido movimiento literario que se mantuvo indiferente a las normas establecidas, e irrevocablemente permanecería renuente a fecundarse a la aceptación total o parcial de sus mandatos u ordinanzas sociales, legales, y espirituales, se vió matizado por el surgimimento de una persona, cuyos dones, y que a pesar que contaba con muy corta edad, subitamente sorprendería de reveladora manera a los reconocidos baluartes de la tinta, a punto tal que los lectores y demás reconocidas personalidades llegaron equivocadamente a pensar que era una estrategia con carácter de anonimisidad, por razones desconocidas, por parte de alguien como Milanés o quizás alguien ligado al grupo educando que se responsabilizaría con el género.
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La nomenclatura de ese entonces se mantenía estrechamente vinculada entre sí, y para sorpresa general, cuando entre uno que otro comentario se divulgó que los poemas no pertenecían a nadie de quienes se decía podían ser los supuestos autores de los poemas, tal fue el alarmente asombro al confirmar que provenían de una niña oriunda de un humilde pueblo Corral Falso de Macurijes en la parte suroeste de la isla, y cuyo nombre era Maria Villar Buceta.
Desde ese preciso instante, la futura escritora de ‘Unanimismo’ formentaría sus pasos hacia una carrera llena de triunfos, y cuyo aporte sería invaluable para todas las generaciones de escritores, periodistas, historiadores, niños y familias enteras que acudirían años después, a leer un libro. Libros que muchos de los cuales formarían parte de la red global de la enseñanza, el antaño pero no obstante inigualable medio acquisitivo de conocimientos, no solo de matanceros sino de todos los cubanos y del mundo entero.
Y fue gracias a la mano invisibile de esta mujer por los cuales estos mismos libros que la mayoría de las instituciones educativas, universidades, y otras ramas intelectuales acudirían a su fiel repaso para expandir el más apreciado de los tesoros: la enseñanza. Debido a esto y por ser una de las mas reconocidas bibilotecarias, archivista e innovadora de la ciencia de la bibliotecología, escritora, y poeta, todos los cubanos y matanceros le rendimos tributo a esta gran mujer que indirectamente brindó su desinterado apoyo y contribución a nuestra cultura, profesando desde pequeña un amor incomparable por la literatura: Maria Villar Buceta.
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